No Ficcion / Entrevistas 

Entrevista a Carlos Alonso

por Miguel García Urbani y Oscar R
Hay por lo menos dos grandes viajes en su vida, el primero cuando se va de Mendoza, y el segundo cuando parte para Europa. ¿Cuál ha sido la influencia de estos hechos? ¿De qué modo lo han enriquecido?



La partida de Mendoza ha sido casi un hecho forzoso, una manera de tratar de vivir de lo que trabajaba. Y creo que eso sigue pasando en la provincia. Sigo viendo que mucha gente joven hace, obligadamente, el mismo camino. Es muy difícil subsistir en provincias con lo que uno hace. Por suerte terminó siendo una experiencia muy rica, primero porque pude conocer a lo mejor de la pintura Argentina de ese momento, estoy hablando del año 54, cuando conocí a Castagnino, Batle Plana, fue una manera de dar un paso más, de integrarme en un medio que era mucho más rico, que compensaba mejor lo que uno hacía.



¿Cómo fue su relación con Spilimbergo?



Tuvimos distintos períodos. Primero fui alumno de él, en los años 51/52, un alumno esforzado, por supuesto, pues siempre trataba de sacar el mayor provecho de sus enseñanzas. Después pasó el tiempo, y fuimos amigos, expusimos juntos. Más tarde lo visité mucho en París, en el 61, y al fin se ha dado la extraña coincidencia de que terminé viviendo en la calle Spilimbergo, acá en Unquillo.



¿Cómo evalúa usted el estado actual de las artes plásticas, que es un tanto confuso, esta cuestión conceptualista, que de algún modo no valora tanto el tema de la hechura plástica, que es precisamente usted defiende?



Yo la defiendo porque me formé dentro de ella, es decir, por una cuestión casi generacional. Pero me parece perfectamente legítimo que cada generación inaugure una otra experiencia, otra visión, el uso de nuevos materiales...Siempre fue así en la historia del arte. Uno arranca siempre de los maestros, pero al poco tiempo aparece el deseo de hacer otra lectura de los cosas, y entonces se sitúa en una búsqueda inteligente y sensible del tiempo propio. Eso impone a la obra nuevas condiciones y un nuevo tratamiento. Lo más legítimo que puede hace una nueva generación es fundar nuevos lenguajes, nuevos medios, nuevos materiales, nuevas formas para comunicarse. También las palabras se gastan y pierden su vigencia, y de ahí que los poetas se esfuercen por hallarles un nuevo sentido, una nueva vibración. Lo mismo pasa en la plástica. Hay agotamiento de ciertas formas, hay irrupción de otras técnicas, como en el caso de la fotografía, que transformó de alguna manera la visión de los pintores. O sea que estos avances, estas conquistas del hombre, en la ciencia o en la técnica, dan la posibilidad también de inaugurar nuevos mecanismos expresivos.



Sin embargo posiblemente como nunca antes se ha caído en un estado verdaderamente confuso. Ya la gente y los propios museos se sienten muy desorientados y actualmente se están preguntando, con toda seriedad: ¿Pero esto es arte?



Me parece que es bueno que la gente se lo pregunte, de alguna manera esa voluntad de preguntar es una forma de acercarse. No hay otro camino. No se puede juzgar ni querer lo que no se conoce, lo que no se profundiza, lo que no se frecuenta. Así que esta especie de confusión que puede haber es sobre todo por una falta de apertura, de frecuentación hacia los nuevos lenguajes. Y en este sentido creo que la gente está más abierta, y lee las obras más naturalmente, y está menos encerrada que muchos críticos que tienen más arraigados sus prejuicios y otras limitaciones conceptuales. La gente está más dispuesta incluso a aceptar aquello que de alguna manera se le acerca y que le propone cosas de su propio mundo, de su propio tiempo.



El artista, el pintor en su caso, imagino que irá incorporando hábitos y formas para poder expresar su visión poética de las cosas. ¿A esta altura de su vida que es lo que usted necesita para poder decir lo suyo?



Creo que toda mi vida he trabajado sobre los mismos enigmas, que son aquellos que atañen a la gente. O sea que mi preocupación fundamental es desentrañar las anormalidades y los conflictos de la sociedad, y sobre todo de mi país, que es adonde a mí me toca vivir. A veces ponemos el acento en aquello que nos duele, que nos conmueve, pero me sigue motivando y me sigue dando fuerzas para trabajar la confianza de que al involucrarme con la gente y con los problemas de mi país estoy tocando una materia que conozco, que siento, que me duele, que amo y que detesto al mismo tiempo, o sea que está en el centro de mi expresión y de mi sentimiento.



¿El tema, la idea de la obra está por encima de la técnica cuando usted hace esta confrontación a la hora de ponerse a pintar?



La idea es el punto de partida, aquello que nos calienta la sangre y la emoción como para ponernos en marcha, después, todo lo demás, es el cuadro. Lo que usted llama técnica, el estilo, lo que viene a ser el como lo digo después de habérmelo propuesto, eso es lo fundamental.



¿Un hombre, un artista maduro como usted, me imagino que irá descartando algunas cosas que tienen que ver con pasionalidades políticas o aún estéticas, por decir, cierto fanatismo. Se me ocurre que el hombre reposa ya en otro estado del alma. Usted ve con otra claridad, con otros ojos, la vida y el arte a esta altura de su experiencia?



El arte sí lo veo de otra manera. Lo veo con menos énfasis crítico, es decir, lo disfruto más. Creo que un signo de la madurez puede ser la convicción de que a cada artista se lo puede disfrutar de una manera distinta, que la diversidad de estilos y de tendencias hacen que el panorama del disfrute sea enorme. En ese sentido puedo disfrutar tanto a un pintor abstracto, como Paul Klee o Picasso, como a Rembrandt o a Miguel Angel o a van Gogh. De todas maneras lo importante creo que sigue siendo lo emocional. El cuadro se arma un poco al margen del conocimiento o de la razón, y proviene más del sentimiento, de cierta locura, de cierta capacidad de riesgo, de cierta valentía para enfrentar tamaños, temáticas y soluciones que son difíciles, que al mismo tiempo son un desafío, y que justamente por eso produce un tipo de experiencia que finalmente la gente recibe como algo sustancioso, algo lleno de buena salud.



¿Cómo ve usted en este momento la cuestión del mercado del arte, sobre todo para las nuevas generaciones, que ven eso como algo tan difícil de encarar?



En el mercado sí que hay una gran confusión, porque se ha puesto en un primerísimo plano, como una ?vedette?, todo lo atinente a la comercialización y el marketing, que por su parte han desfigurado y deformado la verdadera relación del artista con la gente. Hay pintores que cuestan muchísimo dinero y para mí no tienen ningún valor, y hay pintores valiosísimos que no encuentran una galería donde exponer. Eso es una distorsión muy grande. Pintores comerciales que ganan mucho dinero, y otros, muy serios, muy valiosos, pintores de verdad, a quienes les cuesta mucho subsistir.



¿Qué presencia tiene la crítica en estos momentos, hay una crítica seria que colabore para clarificar esta gran confusión?

Creo que no, que no existe una crítica seria. Creo que si hay críticos serios. Pero no se puede hablar de una crítica seria en general, hay algunos escritores que de algunas manera siguen el panorama y el movimiento de la plástica. Recuerdo por ejemplo a Squirru o Fermín Cebre que están de alguna manera muy activos y muy despiertos sobre lo que acontece en el mundo del arte.



A lo largo de su carrera habrá encontrado otras disciplinas artísticas que, aunque no las haya practicado, pueden haber ayudado para que usted pueda seguir en su camino. Pienso en el simple hecho del disfrute estético. ¿Acaso sea la música, la poesía, la novela?



Fundamentalmente la poesía. Yo tuve la suerte de formarme entre poetas, de ser un amigo entrañable de Fernando Lorenzo, de Hugo Acevedo, de Víctor Hugo Cúneo, de Iverna Codina, de Tejada Gómez. Esas eran las personas con quienes me formé y que me formaron al mismo tiempo en el amor y en una necesidad de la poesía que me persigue hasta hoy y espero no perder nunca. La poesía es de alguna manera la meta final de cada cuadro, llegar a su nivel con ellos.



¿Qué recuerdos tiene de su infancia en Mendoza, las cosas que más han perdurado?



Los recuerdos son de un mundo y una cultura campesina, y de suburbios. Primero viví en Tupungato, después en Tunuyán y en Mendoza del centro. Mi formación fue eso, justamente la de un joven de provincia, con toda la felicidad que da el paisaje, con toda la grandiosidad, esa
dimensión enorme, y al mismo tiempo un poco abrumadora que tiene la cordillera, pero al mismo tiempo diáfana. Los cielos, los árboles, las acequias, todo eso, persiste en la memoria y uno de alguna manera los sigue buscando. Por eso estoy ahora en Unquillo, que tiene un poco de ese temblor.



¿Cómo habitaba el pintor que hoy es usted por aquellos años, como se fue haciendo?



Empecé a trabajar siendo muy chico. Nunca hice otra cosa que dibujar y pintar, y lo que no recuerdo me lo ha dicho mi madre. Dibujaba todo el tiempo, después seguí dibujando en todos los colegios que fui, luego lo hice en la Escuela de Bellas Artes. Mi vocación fue irrefrenable y tuve la firmeza y la suerte de poder continuarla hasta hoy.



¿Siguen existiendo aquel prejuicio de confrontar el dibujo con la pintura? ¿El dibujo es un género menor?



Afortunadamente no. Ese es un prejuicio que ha caído como aquel que existía diferenciando la música clásica y la música popular. Ahora la gente no hace más este tipo de distinciones. Disfruta cada una en su momento, cuando puede escucharla. Esta barrera ha desaparecido por completo con la pintura moderna, con el uso de las técnicas mixtas, hoy lo más normal es dibujar al mismo tiempo que se pinta, hacer ?collages?, y trabajar con distintos materiales, con óleo y con acrílico simultáneamente. Todos estos prejuicios se han perdido, han salido de aquella zona de obsesión.



¿En qué está trabajando actualmente?



Estoy empeñado en un desafío muy grande. En la provincia de Córdoba me han encargado la realización de la cúpula del teatro San Martín. Una cúpula que tiene ocho metros de diámetro y tengo que hacerla antes de fin de año, así que estoy de lleno con todos los estudios y los bocetos para realizarla.



¿Ya tiene en claro la temática?



No. ¡Es lo único que me falta!



¿Nada menos?



No, en serio, tenía diez temas, ahora estoy en tres. Así que tengo que definir entre ellos. De todas maneras siempre me va a quedar la sensación de que cualquiera pudo haberlo sido. Pero hay que tomar una decisión, y adelante.



Recuerdo un comentario suyo que hablaba de su fascinación por algunas cosas de Diego Rivera respecto de estas grandes obras...



Sí, pero más que Rivera me gusta Orozco. Es el pintor que siento más cerca de aquella trilogía mejicana que hacen con Siqueiros.



¿Cómo ve la situación, en cuanto a calidad artística, de los pintores argentinos, con respecto a lo que está sucediendo actualmente en el mundo?



La veo al mismo nivel de lo que se hace en cualquier lugar del mundo. Es un momento en que no existen las vanguardias sino operadores independientes. Se pinta de cualquier manera, partiendo de los momentos de la pintura que uno ame y piense que puede serle útil para modificar y armar la nueva estructura y la nueva visión. Al menos este es el panorama que yo veo. El que pinta en Italia o en Nueva York se parece al que pinta en Buenos Aires o en Córdoba. La información es tan amplia que cada uno sabe perfectamente lo que se está haciendo en cualquier parte del mundo. Esto, de alguna manera, hace que todos los pintores, aunque no se parezcan, queden dentro del mismo signo.



Para concluir Carlos, y considerando que este es un programa absolutamente "tanguero", ¿nos puede decir algo sobre sus vinculaciones con la gente del tango?



Han sido numerosas. He sido muy amigo de Osvaldo Pugliese, que visitaba mi taller bastante seguido. Le hice varios retratos, algunos de los cuales han salido en las tapas de sus discos. También he sido amigo de Astor Piazzolla, en la época en que los dos vivíamos en Roma. Nos vimos mucho durante un año largo. Y en mi taller le hicimos un retrato con Berni. Y otro que ha sido editado como estampilla por el Correo Argentino. He ilustrado alguna carpeta tanguera, ahora justamente está girando por el mundo una muestra de tangos donde tengo tres cuadros. Justamente recién acabo de recibir noticias sobre ello desde Estocolmo. De todos modos, como provinciano no me tira tanto el tango, más bien prefiero otro tipo de música, sobre todo la folklórica, y en especial, la del nuevo cancionero, la de Tejada Gómez, Mercedes Sosa, Mathus. Esa es la que ha sido más parte de mi vida, de mis experiencias.



(Nota efectuada en "Un Reo Meditabundo", programa radial de Radio Nihuil de Mendoza, que se emite todos los domingos a las 22:00 horas de Argentina, y que también puede tomarse en Internet: www.supernet.com)

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